jueves, 27 de septiembre de 2007

Asados


Hace un rato me llamó Mercedes y me dijo: “che, querés venir a comer un asado a casa el viernes?”. Y yo: “sí, sí, qué buena idea!”. Lo increíble es que justo esta misma semana había pensado en lo lindo que es recibir una invitación así! Me produce una felicidad total… Que la gente tenga ganas de organizarse y juntarse y recibir a sus amigos en casa. Y concretarlo. A diferencia de decirse sin mucha convicción: “che… hace mil que no nos vemos, a ver cuándo nos juntamos para hacer algo...”

Bueno, y hay muchas otras cosas por el estilo que me hacen feliz... Algunas:

Acostarme a dormir sin poner el despertador.

Que me festejen los chistes.

Que me dediquen chistes y reirme mucho.

Que me salgan los nombres de los árboles.

Leer sobre algo que intuyo difusamente y encontrarlo expresado con claridad y precisión. Esas cosas que uno lee y dice: sí, sí, es así, tal cual.

Empezar un libro y que me atrape desde la primera oración.

Que suene el teléfono y sea quien quería que fuera.

Pintarme la uñas de los pies y que me queden bien, parejitas y brillosas (con las de las manos ni lo intento…).

Ir manejando por Figueroa Alcorta (tal vez camino al asado…) escuchando canciones de Calamaro y cantando a más no poder… sintiendo que canto re bien.

Encontrarme con alguien que hace mucho que no veo y que me encuentre linda y me lo diga.

El primer mate de la mañana.

El primer trago de cerveza fría cuando hace calor y tengo mucha sed.

Tener bombitas de luz de repuesto cuando se me quema alguna y no tener que salir a comprar.

Pasar por Figueroa Alcorta y Castilla y de repente descubrir que floreció el lapacho.

La foto de arriba y los recuerdos que me trae.


Es esa felicidad que es como una sensación física, medio fugaz, producida por algo chiquito, pero que es indudable, es plena y deja sus marcas.
Cuéntenme ustedes...



viernes, 21 de septiembre de 2007

Primavera


En el día de la primavera me dediqué casi exclusivamente a la enredadera que tengo en el patio de mi futuro nuevo hogar... Es una enamorada del muro, un gigante verde que necesitaba una buena poda... Y para eso llamé a un especialista, que mandó a dos empleados suyos que vinieron con una escalera con la que casi casi se puede llegar al cielo. Trabajaron desde las 9 de la mañana hasta las 4 de la tarde. Uno de ellos, David, trabajaba tan tan bien, con tanta buena voluntad, serio y a la vez relajado, tan conectado con su trabajo, que me quedé encantada. Me copa la gente que hace su trabajo bien y con gusto.

Párrafo aparte merece Pedro Daniel Putzolú, el calefaccionista que está cambiando los caños de la calefacción central. También: super orgulloso de lo que hace y entendedor de las ansiedades de sus clientes. Esta semana hablé por teléfono con él cientos de veces para saber, entre otras cosas, cuándo podría llegar a tener todo terminado, a pesar de las demoras que se van produciendo sobre todo por la burocracia del consorcio. No me puede decir con precisión. Pero hoy viernes, como para concluir una semana de intercambio permanente, me dijo: "Señora Florencia, usted no se preocupe, yo no me olvido de usted, la tengo muy presente y además me voy a ocupar de que el trabajo quede perfectamente bien hecho". Hay gente que sabe lo que el otro necesita, eh!

martes, 18 de septiembre de 2007

Feliz Domingo


Cuando ya creía que no iba a ver Les Ephémérès, la obra que trajo Arianne Mnouchkine para el Festival de Teatro de Buenos Aires, por no haberme ocupado de comprar entrada, me llama Muriel el sábado para decirme que tenía una entrada de más para el domingo, si quería ir con ella... Y así, inesperadamente, pasé un domingo feliz.

La obra, ya sabía, dura 8 horas con dos pausas de unos 15 minutos y una de 1 hora, durante la que se pueden comer manjares provenientes de la Francia multicultural en un gran comedor instalado para la ocasión en un salón contiguo a la sala donde transcurre la obra.

Ocho horas. De 3 de la tarde a 11 de la noche. La idea me acobardaba. Pero nos dijimos que íbamos sin la obligación de quedarnos hasta el final, que podíamos quedarnos un rato y retirarnos cuando quisiéramos. Todo tipo de ideas anticlaustrofóbicas... Fuimos munidas de agua mineral, bananas por si necesitábamos reponer potasio, y, lo que fue muy útil, almohadones, porque nos habían advertido que los asientos –unas gradas de madera- eran duros.

Y empezó la obra. El encantamiento fue inmediato. Es una larga serie de momentos de la vida de los personajes representados sobre unas plataformas redondas, cuadradas o rectangulares, que tienen ruedas y que van deslizándose por el escenario: entran por una punta, se detienen para que transcurra la escena (a veces giran sobre su centro) y salen por la otra, siempre empujadas por los mismos actores que uno verá o vió en otras escenas, con movimientos plásticos y aceitados. Y cada plataforma es como un mundito rodante lleno de detalles donde transcurren esos momentos efímeros de los que están hechas las vidas de las personas, con pasajes más o menos felices, más o menos tristes o graciosos, pero siempre con diálogos sencillos, sin palabras pomposas ni grandes declaraciones. Y así van pasando los momentos, las historias, con un ritmo fluido y constante, que te va envolviendo y transportando. Y la acumulación de escenas y de horas y de emociones tiene un efecto poderoso. Me hizo pensar en el transcurso de la vida y el tiempo, en que lo efímero es efímero para dar lugar a otra cosa, y que esa cualidad no hace que nada sea menos valioso. Todo pasa y pasa y todo vuelve a empezar.

Divina la obra. Una de esas experiencias de las que uno sale modificado, que te hacen mella, como se dice.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Lábil


¿Cómo es posible que uno de un día para otro... bah, en realidad podríamos estar hablando de minutos, incluso... pase de un estado de ánimo oscuro, negativo y tormentoso a sentirse leve, cómodo en la propia piel, a sentir que todo es posible y que nada está tan mal, o viceversa... Y todo esto sin que se produzca ningún cambio en la realidad externa... Es como si más que la realidad concreta de nuestra vida, muchas veces fueran nuestros pensamientos y nuestras opiniones sobre esa realidad lo que determina nuestro estado de ánimo. ¿Y por qué cambian esos pensamientos? No sé... Pero a mí me sirve acordarme de eso para relativizar mis estados de ánimo y tener presente que no necesariamente revelan la verdad sobre la propia situación. Que a veces (claro que no siempre) hay que dejar que pasen, no más... Pensando en esto me acordé de una canción de Leonard Cohen, que dice "I don't trust my inner feelings. Inner feelings come and go" (sería algo así como "No confío en mis sensaciones. Las sensaciones van y vienen")


Y hablando de Leonard Cohen, en su sitio hay unos videos de unas entrevistas en las que habla de su disco Ten New Songs y dice cosas muy lindas, muy iluminadoras. Está en inglés, pero lo recomiendo hasta para los que no entienden, porque tiene una voz tan linda... Están en la parte en la que dice "Leonard Cohen's Thoughts on:"



domingo, 2 de septiembre de 2007

Ecuador II


Ya soy propietaria de la PB "B". Me entregaron las llaves y esa misma noche fui a estar un rato ahí, a ver qué se sentía, a tratar de imaginarme la vida que ese lugar puede hacer posible, aunque después sea distinto. Nunca había ido sola. Está todo vacío (o peor, recién vaciado), con el piso semiabierto y los caños a la vista, con todos los arreglos por hacer, pero se deja imaginar... Salí y entré varias veces para ver cuál va a ser mi paisaje cada vez que abra la puerta de entrada, salí al patio por el living, por mi cuarto, hice el recorrido que haré todas las mañanas de mi cuarto a la cocina, y traté de imaginarme a mí misma entrando y apoyando la cartera en algún lado con esos movimientos automáticos y distraídos con los que uno entra a casa...
Todo esto me tiene contenta.

sábado, 1 de septiembre de 2007

Cada día estaciono mejor

Dos veces en el día de ayer me encontré diciéndome "qué genia que soy, qué genia que soy" por la pericia con la que había estacionado el auto con una sola maniobra en un espacio muy reducido, lo que requirió de una precisión milimétrica . La velocidad tal vez no sea lo mío pero el estacionamiento sí. Debo decirlo: tengo un talento natural para estacionar. Lástima que siempre se manifiesta cuando voy manejando sola... Pero es verdad!