miércoles, 26 de diciembre de 2007

La Cumbrecita

Estoy en condiciones de afirmar que mis últimas tres semanas en Buenos Aires me dejaron agotada, hecha hilachas, maltrecha, como quieran llamarlo, pero en definitiva, fue un período poco grato el de este fin de año... Siempre mal vestida (todavía me pregunto en qué estado mental estaba cuando elegí qué ropa dejar afuera del guardamuebles para tener conmigo en este período de transición entre casa y casa -me quedé con ropa de invierno, con remeras que hace años que no uso, pantalones que me quedan chicos!), estuve dedicada principalmente a trabajar, a buscar objetos perdidos durante la mudanza y tratar de pensar infructuosamente dónde habían quedado, como el duplicado de la llave del auto, o los recibos que me fue entregando el constructor que trabajó en mi nuevo departamento a medida que le fui pagando. También pasé largos ratos tirada en el piso boca arriba con las piernas flexionadas para ver si así mis lumbares me daban tregua… Pero no… Lo probé todo, osteópata, traumatólogo, ibupirac, dioxaflex, masajes con aceite de arnica, agua caliente, almohadilla, faja, baño de inmersión, ducha caliente, hacer yoga, no hacer yoga, salir a caminar, no salir a caminar… pero lo que parece estar funcionando es el descanso, la buena comida y el aire del valle de Calamuchita, que es tanto más verde que el de Traslasierra, que es el que yo más conocía… Será el famoso microclima? No sé, pero me voy sintiendo mejor... Es como si me hubiera internado en una clínica de rehabilitación y el tratamiento estuviera dando resultados...

El hotel La Cumbrecita es uno de esos hoteles de otra época. Como todo acá, tiene una arquitectura medio germana, como tirolesa, o algo así... Mucha madera, cuero, con sala de estar con televisor, biblioteca, mesa de pool y mesas para jugar a las cartas. Tiene pileta con reposeras de hierro pintado de blanco (nada de plástico, ni teka, ni ningún otro de los materiales que se ven por estos días en todos los jardines coquetos) que pesan mil kilos y hacen un ruido horroroso cuando las corrés sobre las piedras que rodean la pileta. Me hacen acordar al patio de mi abuela… Las comidas de la noche siempre incluyen alguna sopa, y el menú navideño vino con copa de camarones de entrada… Copa de camarones! Con salsa golf! No puedo creer que lo sigan haciendo... Y yo pasé estos días comiendo, tomando sol y aperitivos, elucubrando con mi mamá sobre las vidas de los demás huéspedes del hotel, caminando un poco y tomando clases de botánica al paso, desentendida por completo de todo lo que me preocupaba hasta no hace más de 5 días! Cómo es uno, eh!

domingo, 25 de noviembre de 2007

Mudanza

¿Se puede estar contento y triste a la vez? Parece que sí… Sobre todo si uno se muda de una casa linda a otra casa linda, pasando por un guardamuebles en el medio, si es domingo, si recibe ayuda amorosa de amigos, tíos y padres, si en medio de la tarea de embalaje uno se encuentra con fotos, cartas, notitas, regalitos, postales y cositas que fue guardando durante... toda la vida y se pone a mirarlos, leerlos y recordar como si tuviera todo el tiempo del mundo, como si la mudanza no fuera este jueves y como si en el medio no tuviera que trabajar como si todo siguiera igual. De a ratos me invade la congoja por todo lo que se termina, lo que estoy dejando atrás, el ciclo que se cierra (suena cursi, pero es así…) o lloro un rato con alguna carta con la que me cruzo, y al instante me encuentro entusiasmada pensando en qué árbol voy a poner en mi nuevo patio (un tilo, tal vez) o de qué color voy a pintar la pared del comedor. Y al rato me río de las caras redondas que teníamos todos hace 15 años o me muero de ternura de encontrar este papel amarillento:
Así que así estoy, a merced de mis sensaciones que son muchas y bien variadas por estos días… Ah! y con dolor de espalda, de lumbares más precisamente, de tanto trajinar con las cajas...

domingo, 11 de noviembre de 2007

Te acordás...?


“Ir a jugar a tu casa era una delicia”, me dijo mi amiga Bati cuando charlábamos después de una caminata alrededor del Rosedal, que, de paso les cuento, está divino con todas las rosas florecidas, unos ceibos ya todos rojos y las magnolias también salpicadas con sus flores... Lástima que están muy altas y no pude oler ninguna.

Lo de la delicia se debía a varias razones. Por un lado, lo que para mis compañeritas de colegio de monjas era toda una novedad, en mi casa siempre circulaban varones de nuestra misma edad: mi hermano mellizo Nino y sus amigos, que en un momento se organizaron en un grupo comando al que le dieron el dudoso nombre de Los Tra Tra y que incluyó entre sus miembros a una sola mujer en toda su historia: mi hermana Josefina. A mí supuestamente no me interesaba pertenecer ni andar escondiéndome en cuevas secretas. Seguramente en esa época yo ya me andaba haciendo la grande, aunque no tendría más de nueve años. No recuerdo bien en qué consistían las misiones de Los Tra Tra, tal vez porque eran ultrasecretas y nunca las conocía del todo, pero sí recuerdo que tenían kit de primeros auxilios y walkie-talkies. Y también recuerdo que jugué mucho con el juego de química que se compraron con los ahorros que en realidad estaban destinados a comprar una carpa para irse de campamento. Resulta que el encargado de la compra era Francisco, que vino a Buenos Aires y como no le alcanzó la plata para la carpa se apareció con un juego de química de cuatro pisos. Superada la resistencia inicial y los cuestionamientos por el uso discrecional de los fondos de la organización, nos lanzamos a hacer experimentos en el lavadero de mi casa que era un galpón que estaba bien al fondo y daba para cualquier cosa. No sé bien por qué razón, pero el resultado de los experimentos era siempre el mismo: un líquido de algún color que despedía humos, seguramente tóxicos, aunque nunca hubo que socorrer a nadie. La verdad, era medio frustrante. Además, nunca entendíamos del todo las instrucciones que venían en el librito, y nos preguntábamos qué sería el "agua dura" que se necesitaba para todos los experimentos!

El otro aspecto que hacía a la delicia era que mi familia tenía una juguetería. En realidad era librería, juguetería y bazar, pero la parte que nos interesaba, claro, era la juguetería, aunque la librería estaba buena a la hora de elegir los útiles para el colegio, que yo insistía -no siempre con éxito- en que fueran nuevos cada año, y en el bazar cada tanto había alguna cosa que me llamaba la atención, como la vez que quedé prendada de una especie de ensaladera color morado laqueado con una guarda con florcitas medio doradas, que finalmente logré que mi mamá me dejara regalarle a mi abuela Aía. A ella le encantó y la puso arriba del televisor.

"El negocio", como le decíamos, había pertenecido a mis abuelos paternos, estaba ubicado en la esquina de mi casa y teníamos acceso desde adentro. Era todo parte de una misma edificación muy antigua, de techos muy altos y pisos de pinotea. Ahí trabajaban mi mamá y mi tía Yaya, que eran las vendedoras junto con una empleada, Hilda, con quien yo salía en bici a hacer las cobranzas metida en el canasto de atrás, con las patas colgando, lo que da una idea del tamaño que tendría... A media mañana, después del desayuno, mis hermanos y yo aparecíamos por el negocio ya dispuestos a trepar las estanterías altísimas llenas de juguetes que estaban todas a nuestra disposición. Mi mamá nos dejaba tocar todo y muchas veces lográbamos quedarnos con los juguetes que más nos gustaban cuando “llegaba la mercadería” que semanas antes había venido a comprar mi mamá o mi tía Yaya a mayoristas de Buenos Aires. Yo, convencida de que todo ese mundo de juguetes era mío, tanto, que una vez –y esto fue lo que recordábamos hoy- la llevé a Bati al negocio cuando estaba cerrado (era increíble la sensación de entrar al negocio cerrado, cuando estaba todo quieto y las persianas bajas) y, como se acercaba su cumpleaños, le dije, muy agrandada, "elegíte lo que quieras". Ella, en mi recuerdo, se eligió una pista por la que hacías correr carreras a unas especies de pastillas; en el de ella, se eligió un juego con el que pescabas unos pececitos de colores. Pero el tema es que sea lo que fuere lo que eligió, parece que era carísimo y mi mamá no me dejó regalárselo. Se ve que límites había. En cambio me mandó al cumpleaños, según mi recuerdo, con un librito; según el de Bati, con unas Paco Pinto ... La cuestión es que fue una humillación tremenda, sobre todo porque Bati me exigió una explicación...

De repente pienso en cómo una experiencia compartida se convierte en un recuerdo diferente y único para cada persona. En cómo los hechos se van distorsionando en la memoria de cada uno, como si una vez convertidos en recuerdos fueran tomando caminos independientes de lo vivido. En cómo una misma situación representa algo distinto en el recuerdo de cada persona que estuvo ahí… Como si en el recuerdo uno estuviera solo. Por eso es tan lindo y se produce una sensación de tanta cercanía cuando uno recuerda algo con alguien y siente que el otro tiene un recuerdo muy parecido, o que el recuerdo tiene para los dos el mismo valor.

lunes, 29 de octubre de 2007

Hermanos


Resulta que la mayoría de mis amigas no sólo son madres sino que ya van por el segundo, y en algunos casos el tercer, hijo... Así que ahora se les presenta un nuevo tema, que es la reacción de los hijos que ya tienen ante el nacimiento de los hermanitos… Claro que los chicos sienten celos, y los celos, como sabrán, nos hacen sufrir, y por eso los padres a veces sienten culpa, pero yo no puedo dejar de pensar que tener hermanos es lo mejor que les puede pasar.

Nuestros hermanos son los primeros "otros" con los que nos relacionamos íntimamente y de una manera más o menos simétrica, si comparamos con la relación con los padres... Son las primeras personas con las que jugamos, nos peleamos, negociamos, compartimos. Los hermanos son los primeros que nos ponen límites pero no con una intención orientadora, como lo hacen los padres cuando somos niños, sino porque son personas distintas de nosotros que tienen sus propios gustos, deseos, intereses y necesidades que a veces entran en conflicto con los nuestros, por eso, porque son “otros”. Y un otro no siempre es dócil ni hace exactamente lo que nosotros queremos. Son además testigos y partícipes de nuestra infancia, saben de nuestra relación con los padres, de nuestros miedos, de nuestras inseguridades, de nuestros gustos. Ellos saben si nos hacíamos pis en la cama, si comíamos bien, si dormíamos bien, si nos gustaba ir al colegio, si teníamos miedo de noche, si éramos pegotes o independientes; saben a qué nos gustaba jugar, qué cosas nos salían bien, cómo fue nuestra adolescencia... Conocen nada menos que al niño que fuimos y nosotros al que fueron ellos. Saben bien bien de dónde venimos. Y de nuestras transformaciones a lo largo de la vida. Gran intimidad. Y lo más lindo de todo es que en la relación con los hermanos siempre hay algo seguro, algo sólido, hay una base de certeza, la certeza de querer y ser querido, siempre, más allá de las circunstancias. Por lo menos, así lo siento yo!

lunes, 15 de octubre de 2007

Esos árboles...

Y floreció el gran lapacho…y todos los demás que hay por la ciudad…
¿Por qué será que los árboles en la ciudad me impresionan más que cuando los veo en el campo, o en la montaña o en cualquier paisaje natural? ¿Será por el contraste con lo que los rodea?
Los veo ahí, en el medio del asfalto, perdiendo sus hojas, rebrotando, floreciendo, dando frutos, siguiendo sus ciclos naturales como desentendidos del entorno, del ruido, del tránsito y de la contaminación... aportando su belleza. Son como un ejemplo de constancia…
Y en la foto de abajo verán cómo están los gingkos que les mostré en julio, cuando estaban todos amarillos...

En la ciudad

Ví otra película de Cesc Gay muy recomendable. Se llama En la Ciudad. Es otra película del grupo de amigos en la crisis de los treinta/cuarenta, haciéndole frente a las cosas que les pasan. Ya hemos visto muchas de esas películas, pero ésta tiene algo muy personal y los personajes resultan muy cercanos... Se me ocurre que es un poco porque no son americanos, son europeos pero no… franceses ni finlandeses… Son españoles, de Barcelona, y eso los acerca mucho a nosotros… No sé, tal vez estoy diciendo cualquier cosa. Pero la película es muy linda.

Estos días

Qué abandonado tuve a mi blog! Mis ávidos lectores me reclaman nuevos posts, sobre todo la lectora número uno que es mi tía Ani!
Resulta que estuve atareada ocupándome de los arreglos que tengo que hacer en mi futuro nuevo hogar... Finalmente todo se va concretando. Hay avances, lentos, pero avances al fin... Algunas cosas van siendo etapas superadas. Lo peor de todo, más que tratar con calefaccionista, plomero o albañil, con Putzolú, con Baez, con Sandez, con Subiri -que son los nuevos personajes con los que me relaciono en estos días- o que tener que hacer malabarismos para programar encuentros para que me hagan presupuestos, y al mismo tiempo seguir trabajando como siempre, o que negociar una prórroga del alquiler de mi antiguo departamento en el que sigo viviendo… Lo peor, decía, es lidiar con la administración y el consorcio, que son la máquina de impedir y dilatar, aglutinamiento de mezquindades que dicen velar por el inmueble. Bueno, no importa. Ya tuve mis ataques de nervios, grité en el teléfono, llamé a mis padres llorando impunemente pidiendo ayyyyuda (que me fue dada con generosidad) y ahora todo parece marchar… Mi amiga Beth me dio un consejo que me sirvió mucho. Me dijo algo así como: “tenés que administrar todo este asunto, sacále toda la emotividad, administrálo como si lo estuvieras haciendo para otro, hacé los llamados que tengas que hacer, hablá con quien tengas que hablar, y después seguís con tus demás actividades”. Le hice caso y me resultó liberador. Además me digo que si no me mudo este mes me podré mudar el otro… En el gran esquema de las cosas, eso no es tan importante...

jueves, 27 de septiembre de 2007

Asados


Hace un rato me llamó Mercedes y me dijo: “che, querés venir a comer un asado a casa el viernes?”. Y yo: “sí, sí, qué buena idea!”. Lo increíble es que justo esta misma semana había pensado en lo lindo que es recibir una invitación así! Me produce una felicidad total… Que la gente tenga ganas de organizarse y juntarse y recibir a sus amigos en casa. Y concretarlo. A diferencia de decirse sin mucha convicción: “che… hace mil que no nos vemos, a ver cuándo nos juntamos para hacer algo...”

Bueno, y hay muchas otras cosas por el estilo que me hacen feliz... Algunas:

Acostarme a dormir sin poner el despertador.

Que me festejen los chistes.

Que me dediquen chistes y reirme mucho.

Que me salgan los nombres de los árboles.

Leer sobre algo que intuyo difusamente y encontrarlo expresado con claridad y precisión. Esas cosas que uno lee y dice: sí, sí, es así, tal cual.

Empezar un libro y que me atrape desde la primera oración.

Que suene el teléfono y sea quien quería que fuera.

Pintarme la uñas de los pies y que me queden bien, parejitas y brillosas (con las de las manos ni lo intento…).

Ir manejando por Figueroa Alcorta (tal vez camino al asado…) escuchando canciones de Calamaro y cantando a más no poder… sintiendo que canto re bien.

Encontrarme con alguien que hace mucho que no veo y que me encuentre linda y me lo diga.

El primer mate de la mañana.

El primer trago de cerveza fría cuando hace calor y tengo mucha sed.

Tener bombitas de luz de repuesto cuando se me quema alguna y no tener que salir a comprar.

Pasar por Figueroa Alcorta y Castilla y de repente descubrir que floreció el lapacho.

La foto de arriba y los recuerdos que me trae.


Es esa felicidad que es como una sensación física, medio fugaz, producida por algo chiquito, pero que es indudable, es plena y deja sus marcas.
Cuéntenme ustedes...



viernes, 21 de septiembre de 2007

Primavera


En el día de la primavera me dediqué casi exclusivamente a la enredadera que tengo en el patio de mi futuro nuevo hogar... Es una enamorada del muro, un gigante verde que necesitaba una buena poda... Y para eso llamé a un especialista, que mandó a dos empleados suyos que vinieron con una escalera con la que casi casi se puede llegar al cielo. Trabajaron desde las 9 de la mañana hasta las 4 de la tarde. Uno de ellos, David, trabajaba tan tan bien, con tanta buena voluntad, serio y a la vez relajado, tan conectado con su trabajo, que me quedé encantada. Me copa la gente que hace su trabajo bien y con gusto.

Párrafo aparte merece Pedro Daniel Putzolú, el calefaccionista que está cambiando los caños de la calefacción central. También: super orgulloso de lo que hace y entendedor de las ansiedades de sus clientes. Esta semana hablé por teléfono con él cientos de veces para saber, entre otras cosas, cuándo podría llegar a tener todo terminado, a pesar de las demoras que se van produciendo sobre todo por la burocracia del consorcio. No me puede decir con precisión. Pero hoy viernes, como para concluir una semana de intercambio permanente, me dijo: "Señora Florencia, usted no se preocupe, yo no me olvido de usted, la tengo muy presente y además me voy a ocupar de que el trabajo quede perfectamente bien hecho". Hay gente que sabe lo que el otro necesita, eh!

martes, 18 de septiembre de 2007

Feliz Domingo


Cuando ya creía que no iba a ver Les Ephémérès, la obra que trajo Arianne Mnouchkine para el Festival de Teatro de Buenos Aires, por no haberme ocupado de comprar entrada, me llama Muriel el sábado para decirme que tenía una entrada de más para el domingo, si quería ir con ella... Y así, inesperadamente, pasé un domingo feliz.

La obra, ya sabía, dura 8 horas con dos pausas de unos 15 minutos y una de 1 hora, durante la que se pueden comer manjares provenientes de la Francia multicultural en un gran comedor instalado para la ocasión en un salón contiguo a la sala donde transcurre la obra.

Ocho horas. De 3 de la tarde a 11 de la noche. La idea me acobardaba. Pero nos dijimos que íbamos sin la obligación de quedarnos hasta el final, que podíamos quedarnos un rato y retirarnos cuando quisiéramos. Todo tipo de ideas anticlaustrofóbicas... Fuimos munidas de agua mineral, bananas por si necesitábamos reponer potasio, y, lo que fue muy útil, almohadones, porque nos habían advertido que los asientos –unas gradas de madera- eran duros.

Y empezó la obra. El encantamiento fue inmediato. Es una larga serie de momentos de la vida de los personajes representados sobre unas plataformas redondas, cuadradas o rectangulares, que tienen ruedas y que van deslizándose por el escenario: entran por una punta, se detienen para que transcurra la escena (a veces giran sobre su centro) y salen por la otra, siempre empujadas por los mismos actores que uno verá o vió en otras escenas, con movimientos plásticos y aceitados. Y cada plataforma es como un mundito rodante lleno de detalles donde transcurren esos momentos efímeros de los que están hechas las vidas de las personas, con pasajes más o menos felices, más o menos tristes o graciosos, pero siempre con diálogos sencillos, sin palabras pomposas ni grandes declaraciones. Y así van pasando los momentos, las historias, con un ritmo fluido y constante, que te va envolviendo y transportando. Y la acumulación de escenas y de horas y de emociones tiene un efecto poderoso. Me hizo pensar en el transcurso de la vida y el tiempo, en que lo efímero es efímero para dar lugar a otra cosa, y que esa cualidad no hace que nada sea menos valioso. Todo pasa y pasa y todo vuelve a empezar.

Divina la obra. Una de esas experiencias de las que uno sale modificado, que te hacen mella, como se dice.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Lábil


¿Cómo es posible que uno de un día para otro... bah, en realidad podríamos estar hablando de minutos, incluso... pase de un estado de ánimo oscuro, negativo y tormentoso a sentirse leve, cómodo en la propia piel, a sentir que todo es posible y que nada está tan mal, o viceversa... Y todo esto sin que se produzca ningún cambio en la realidad externa... Es como si más que la realidad concreta de nuestra vida, muchas veces fueran nuestros pensamientos y nuestras opiniones sobre esa realidad lo que determina nuestro estado de ánimo. ¿Y por qué cambian esos pensamientos? No sé... Pero a mí me sirve acordarme de eso para relativizar mis estados de ánimo y tener presente que no necesariamente revelan la verdad sobre la propia situación. Que a veces (claro que no siempre) hay que dejar que pasen, no más... Pensando en esto me acordé de una canción de Leonard Cohen, que dice "I don't trust my inner feelings. Inner feelings come and go" (sería algo así como "No confío en mis sensaciones. Las sensaciones van y vienen")


Y hablando de Leonard Cohen, en su sitio hay unos videos de unas entrevistas en las que habla de su disco Ten New Songs y dice cosas muy lindas, muy iluminadoras. Está en inglés, pero lo recomiendo hasta para los que no entienden, porque tiene una voz tan linda... Están en la parte en la que dice "Leonard Cohen's Thoughts on:"



domingo, 2 de septiembre de 2007

Ecuador II


Ya soy propietaria de la PB "B". Me entregaron las llaves y esa misma noche fui a estar un rato ahí, a ver qué se sentía, a tratar de imaginarme la vida que ese lugar puede hacer posible, aunque después sea distinto. Nunca había ido sola. Está todo vacío (o peor, recién vaciado), con el piso semiabierto y los caños a la vista, con todos los arreglos por hacer, pero se deja imaginar... Salí y entré varias veces para ver cuál va a ser mi paisaje cada vez que abra la puerta de entrada, salí al patio por el living, por mi cuarto, hice el recorrido que haré todas las mañanas de mi cuarto a la cocina, y traté de imaginarme a mí misma entrando y apoyando la cartera en algún lado con esos movimientos automáticos y distraídos con los que uno entra a casa...
Todo esto me tiene contenta.

sábado, 1 de septiembre de 2007

Cada día estaciono mejor

Dos veces en el día de ayer me encontré diciéndome "qué genia que soy, qué genia que soy" por la pericia con la que había estacionado el auto con una sola maniobra en un espacio muy reducido, lo que requirió de una precisión milimétrica . La velocidad tal vez no sea lo mío pero el estacionamiento sí. Debo decirlo: tengo un talento natural para estacionar. Lástima que siempre se manifiesta cuando voy manejando sola... Pero es verdad!

domingo, 26 de agosto de 2007

Ficción


Vengo de ver una película de Cesc Gay, "Ficción". Muy linda. Llena de detalles. Sobre decisiones, elecciones y renuncias, podría decir...

Está hablada en catalán y castellano. Es raro escuchar hablar en catalán... Te da la sensación de que vas a entender o incluso de que estás entendiendo pero no, de repente te das cuenta de que es otro idioma.

Me cautivó desde el primer minuto, porque empieza con una canción de mi disco favorito de Nick Cave, "The Boatman's Call".

Muy recomendable para los de treintaypico/cuarenta casados, solteros, solos o acompañados, los que nos enfrentamos a lo que somos y no a lo que queríamos ser, como dice en un momento uno de los personajes.

Me pregunto...


¿Va a ir siendo cada vez más difícil encontrar comida que no esté condimentada con cilantro?

Bailando por un hielo

Le estaba contando a Rosalía lo que había visto en el programa "Patinando por un sueño" y me equivoqué y lo llamé "Bailando por un hielo"... Quedó graciosa la mezcla...
Pero lo que le quería contar era que parece que el peor insulto que se propinan las... patinadoras -serían en este caso- es "mucama" o "mucamita"... La morocha ofendidísima porque parece que la rubia la denostó refiriéndose a ella con semejante mote...
Qué lindo, ¿no?
Propondría agarrarlos a todos a los hielazos si no fuera porque no quiero incitar a la violencia...!

viernes, 17 de agosto de 2007

Regreso



Estoy de vuelta. No tenía ganas de partir pero también tenía ganas de volver. Quiero estar allá y acá. Pero estoy acá. En casa nuevamente, empezando a darle vida a mi departamento, que estaba todo quietito. El agua tardó en salir, las canillas hicieron unos ruidos raros, los calefactores tardaron en encenderse, pero creo que ya se desperezaron lo suficiente y todo va entrando en calor...

Me debato entre ponerme en movimiento, ser eficiente, contestar llamados, enterarme de inmediato de todo lo que pasó en mi ausencia y retomar mis actividades, o conservar un poco la actitud más relajada y contemplativa del viajero y dejar que todas las vidas posibles que uno ve cuando viaja... no sé, revoloteen un rato más. Es drástico cruzar el océano en avión. El viaje es largo pero a su vez es demasiado rápido, así que soy yo la que se tiene que dar el tiempo de llegar... Me lo piden también las patas de elefante que tengo en este momento. Me hizo bien la ducha con un jabón ayurvédico que me compré en un supermercado del barrio de Jose, que es, justamente, el barrio indio... Lleno de vida. No me compré mucho más que eso: jaboncitos, algunos tés, sal (sí, sal, o mejor dicho, fleur du sel, que no sé bien qué es pero le da un sabor increíble a las comidas... sirve no para cocinar sino para condimentar alimentos ya preparados, y les da como lucecitas de sabor! Mi mamá me venía diciendo lo rica que era y yo creía que exageraba...). Ninguna prenda de vestir. Tanto que me gustan... Pero no sufrí mucho por eso, salvo una tarde, cuando entré a AgnesB y me probé un saquito de piel sintética gris perla que me quedaba divino...

Leí que algo a lo que uno podría aspirar al viajar, más allá de ver paisajes nuevos, de conocer ciudades, de descansar, de enterarse de cuánto mide la Tour Eiffel, es a traerse una serie de pensamientos que lo ayuden a vivir mejor...

martes, 14 de agosto de 2007

Atlántico Norte

Fin de semana en el mar, en un pueblito costero sin ninguna pretensión de nada, con mucho turismo local, que se llama Saint Michel Chef Chef y queda entre la Bretaña y la Vendée. Nos quedamos en la casa del hermano del novio de una amiga. Franceses todos ellos. Barbara (pronúnciese con acento en la última a) y Alex fueron nuestros super anfitriones. Organizaron todo tipo de expediciones y banquetes. Mucha degustación de especialidades bretonas..


Playas bien anchas con mucha vegetación atrás porque está prohibido construir al borde del mar, lo que le da a todo un aspecto medio agreste. Y también algunas partes con mucha roca. Hicimos una larga caminata yendo de una playa a otra por las rocas mientras la marea estuvo baja. El regreso, por un camino costanero. Cómo me gustan las caminatas sobre las rocas... Te exigen mucha atención, casi que no se puede ir pensando en otra cosa más que en qué lugar vas a apoyar el pie al dar el próximo paso... Y al terminar: ah, cierto que soy yo que estoy acá...


El agua tirando a fresca. Igual nos bañamos...

De a ratos me sentía como en una película de Rohmer. No me acuerdo cuál. Una de la serie de las estaciones del año. No sé si era el viento medio permanente que soplaba o el aspecto tan francés de Barbara, que podía ser la protagonista de cualquiera de esas películas...



viernes, 10 de agosto de 2007

Musée du Quai Branly

Fui hace unos días al Musée du Quai Branly (el "museo de Chirac"... porque parece que cada presidente al finalizar su mandato deja una obra como legado... Pompidou hizo construir el Centro Pompidou, Mitterand la pirámide de vidrio del Louvre, la Biblioteca Nacional... y así... Igual que en casa ¿no?)
Cuestión que el edificio es rarísimo. Super moderno, grandote, tirando a cuadrado, como con unos cubos que son los distintos sectores, pintado de varios colores medio terrosos y es como si hubiera sido tomado por la vegetación... Está rodeado de un jardín muy exhuberante y uno de los muros, que da a la calle, es un muro vegetal! Con todo tipo de plantas tropicales, parecen... Y un sistema de riego que no se puede creer...


Y como para que no te olvides de que estás en París, atrás se asoma la Tour...



jueves, 9 de agosto de 2007

Louvre

Hoy fui al Louvre, y aunque sabía que iba a elegir una mínima parte para visitar, cuando entré y me paré debajo de la pirámide no dejé de sentirme abrumada... Qué ver? Pintura, escultura, dibujos, objetos? De Grecia, de Roma, de Egipto, de España, de Italia, de Francia, de América, de Oceanía, de Asia, de Africa? A qué pabellón entrar? Todo no se puede.
Decidí ver una exposición temporaria, chiquita, acotada, de dibujos del pintor francés Camille Corot...
Y de la exposición permanente decidí que iba a ver pintura italiana, española y francesa. Dejando de lado la multitud que había en las salas de pintura italiana, sobre todo alrededor de la Mona Lisa, a la que ya no saben cómo proteger del gran público...


...creo que encontré una buena manera de recorrer y disfrutar el museo. La técnica consiste en caminar lentamente pero a paso constante por el medio de las salas, algunas de las cuales son como pasillos enormes, con una mirada medio flotante, como mirando por el rabillo del ojo, y dejarme atraer por algunas pinturas, por el color, por alguna forma, algún rostro, algún gesto, el techo de la sala, o lo que se viera por la ventana... y ahí sí, detenerme un rato... Funcionó muy bien. Tanto que si tengo tiempo vuelvo la semana que viene...



miércoles, 8 de agosto de 2007

Vacaciones en la ciudad


Sara y yo paradas en un punto de Berlín al que habíamos llegado habiendo en realidad querido llegar a otro. Desplegamos el mapa bajo la llovizna que nos acompañó casi todo el fin de semana para ver cómo ir desde el Jewish Museum, nuestro destino por error, al memorial del holocausto... Miramos el mapa, levantamos la vista, buscamos el nombre de la calle, volvimos al mapa, buscamos el nombre de la intersección, dimos vuelta el mapa, vimos que tan cerca no estábamos...


Y sí, bueno, aceptémoslo: las vacaciones en las ciudades son así. Dan trabajo. Que el mapa de la ciudad, que el mapa del metro, que la botellita de agua, que me pierdo, que me paso y tengo que volver atrás, que leo el mapa al revés y salgo hacia la izquierda en lugar de la derecha, que llegar a los lugares me lleva el doble de lo que calculo, que a la multitud se le ocurre hacer lo mismo que hago yo. Y todo con la exigencia de que en realidad tendría que estar moviéndome en una ciudad que no conozco, o conozco poco, con la soltura con la que me movería en mi ciudad. Y mantener vivo el interés en, por ejemplo, el arte antropológico, hasta llegar al museo de Quai Branly (Musée des Arts Permiers) y lograr entrar en lugar de quedarme a comer una brioche en el banco de la plaza de enfrente!


La clave, observé estos días, es hacer planes más o menos flexibles... Tomar una dirección que uno después se permita modificar si el clima, el humor, la curiosidad, la panza o el antojo lo piden...



lunes, 6 de agosto de 2007

Domingo

Ayer domingo, día de sol y calor en serio, decidí que iba a ir al Musée d'Orsay a ver una exposición que se llama "De Cezanne a Picasso". Muy bien. Partí en metro con el plan de hacer una conexión bastante complicada que quedó frustrada porque la segunda línea que tenía que tomar estaba cortada... Camino, me dije, después de todo, estoy en París, el día está lindo, tengo una botellita de agua. Y eso hice. Hice casi todo el trayecto por el borde del Sena. Atrás, Notre Dame, adelante, la Place de la Concorde y más allá el Arco de Triunfo, a la derecha el Louvre y a la izquierda el Musée d'Orsay... Cuando llegué me encontré con una multitud haciendo cola al rayo de un sol despiadado para entrar al museo... Yo, soprendida como si hubiera andado por el rincón más ignoto de la ciudad... Desistí y seguí caminando...


A la noche fuimos a la Villette al cine al aire libre... Y volvimos a casa en Velib, que nos viene saliendo con más fluidez...



sábado, 4 de agosto de 2007

Mi cuarto


En lo de Jose duermo en lo que he dado en llamar "la sala de máquinas", que vendría a ser su estudio... Impresionante la maquinaria ¿no?

Cómo se come en París!

Esta ciudad invita a comer... La comida te llama desde todas partes! Ayer, unas de las paradas en el paseo con Jose fue para comprar queso... Es una obviedad, pero tengo que decirlo: no puedo creer las miles de millones de variedades de queso que tiene esta gente... No sólo camembert, brie, cabra, reblochon, etc. sino todos esos, muchos más y además después está la región, el tipo de cabra, el tipo de vaca, el color de pelo, qué se yo... mil cosas... Ellos ven sutiles diferencias donde yo sólo veo queso! Empecé diciendo compremos un queso de cabra, tras lo cual se abrieron las miles de posibilidades... Elegí al azar. Tuve suerte, era rico.
Y después me dediqué bastante a los sandwiches de falafel, unas croquetas de garbanzo de origen... árabe, creo. Por ahora, el más rico es uno que comí en Le Marais...
A la tarde, tomamos con Jose un helado en Berthillon, en l'Ile St. Louis, rodeadas de turistas...
Y todavía me falta un buen cous cous y crêpes de todo tipo y lo que se me vaya presentando en el camino... Oferta no falta...

viernes, 3 de agosto de 2007

París en bicicleta

Me bajé del tren en la Gare du Nord a las 10 de la noche y Josefina me dijo que podíamos ir a comer a lo de una amiga… Yo, todavía agitada de la corrida en Colonia, acepté del todo la propuesta cuando me dijo que podíamos ir en Vlib, que, me explicó, son bicicletas -con una forma muy particular- que se toman en la calle, se usan y se vuelven a dejar. El término viene de "velo libre" (bicicleta libre). En muchos lugares de la ciudad hay paradas con muchas bicicletas estacionadas, que uno puede tomar después de sacar un ticket. La primera media hora es gratis, después se empieza a pagar. Cuando terminás de usar la bici, la dejás en alguna parada. Me encantó la idea, así que partimos, con Julien. Como siempre, la realidad presenta más complejidades de las que uno imagina, o por lo menos muchos detalles... Estuvimos más o menos media hora tratando de sacar los tickets, viendo cómo se pagaba (hay que insertar la tarjeta de débito, porque de ahí te van debitando cuando usás una bici más de media hora seguida), tratando de desenganchar las bicis de sus “palenques”… Era la primera vez que ellos las usaban, también, porque en París recién instauran el sistema. Finalmente, logramos tener una cada uno y salimos rumbo a la casa de la amiga de Jose cerca de la medianoche... Cuando nos acercábamos empezamos a ver en qué parada dejábamos las bicis... Encontramos una pero no tenía lugar para las tres... Qué hacer con las otras. Bueno, quedárnoslas y pagar el tiempo extra… Complicado el primer intento pero pudimos pedalear... Y hoy ya fue más fácil!


Salimos a caminar y a hacer unas compras... Al regresar, en lugar de tomar el metro, cachamos unas bicis...

Düsseldorf - París


Ayer tuve mi primer momento de estrés de mis vacaciones. Tenía que tomar un tren de Düsseldorf a Colonia, ahí esperar media hora y tomar el tren rápido a París. Dando por descontada la célebre puntualidad alemana, ya estaba pensando qué iba a hacer en esa media hora, si iba a leer un rato, si iba a tomar un té o un café, si iba a comer algo dulce o algo salado, si iba a esperar todo el tiempo en el andén, si iba a intentar ver la catedral de Colonia… Bueno, esos dilemas que se le presentan a uno en estas circunstancias vacacionales… Pero resulta que en Alemania los trenes también se atrasan… y perdí el tren a París… por tres minutos! Existía la posibilidad de que el tren que tenía que tomar esperara la llegada del que me traía, porque aparentemente es una conexión habitual, así que corrí, corrí, corrí escaleras abajo y escaleras arriba con mi valijota, que no es gigante pero pesa toneladas, mi bolso de mano y el de mi laptop, abrigada con una campera que en Buenos Aires uso en invierno... porque... bueno... salió el sol pero duró sólo un día… Cuando comprobé que el tren había partido, es decir, que había transpirado en vano, tuve que salir a campear la estación de Colonia –donde no hay ningún cartel que no esté escrito en alemán, idioma que no domino en absoluto, lo que por otro lado es normal... o en Retiro hay carteles en inglés?- a ver si lograba subirme a otro tren rápido… Finalmente logré tomarme uno que salía una hora más tarde… El último del día.
Lo bueno de las vacaciones en otros países es que uno tiene que resolver problemas tan distintos de los habituales…

Además, qué lindo que es viajar en tren... Es una buena transición entre un lugar y otro porque te permite ir dándote cuenta de que te estás trasladando, y llegar a destino junto con el tren…


lunes, 30 de julio de 2007

Lo que vi en Berlin

El muro no podia faltar...


Esta es una foto del Tiergarten, un parque enorme que hay en la ciudad, que me encanto porque en realidad es como un bosque, con todo el yuyaje correspondiente. Con caminos bien prolijos, claro, pero la parte con vegetacion queda bastante agreste...


De paseo en el VW...


Como les dije, el clima no nos acompanio... El angel... Al autito se le corre una capota pero igual no tenia ventanillas, asi que fue un momento dificil...


El memorial del Holocausto...


La estacion de tren.

Berlin

Fin de semana en Berlin. Me encanto. Es grande, pero no alta, variada, enquilombada pero a la alemana, tiene mucho verde, y, claro, la historia muy presente... Algunos edificios enormes, pero de ancho, digamos. Nada alto. Gruas por todas partes. A donde vayas estan construyendo algo.

Debo decir que el clima no estuvo a nuestro favor. Llovio. El sabado garuo finito pero el domingo llovio llovio. Anduvimos un poco por todos lados. Un amigo de Sara nos paseo por toda la ciudad en su autito descapotable (un VW re viejito) y se tomo muy en serio su papel de guia de turismo. Ibamos haciendo paradas para comer y tomar cafes, mas tarde nos encontramos con su novia, despues se sumo Rainer (habra quien se acuerde de el!), comida en un restaurant muy lindo, bebida en el tipico squat berlines con las paredes todas pintarrajeadas (para turistas... que, por otro lado, es lo que eramos nosotras, o mejor dicho, yo) y finalmente a una disco! Hacia tanto que no iba a un lugar asi que no se ni como llamarlo (disco, boliche, lugar para bailar?) Era un lugar que nos habian recomendado porque tiene una buena vista de la ciudad, pero claro, la ciudad de noche es re oscura... No se, me habian dicho vista de la ciudad y yo me habia imaginado una vista imponente... Se veian unas calles vacias con un alumbrado publico medio escaso, edificios de departamentos bien grandes tipo monobloc con solo dos o tres departamentos con la ventana encendida, el resto, oscuro... Tal vez estabamos del lado de lo que era el este... Cuando la gente habla de la ciudad siempre hace referencia a si tal o cual cosa queda en el este o en el oeste, pero como el muro no era una linea recta de norte a sur me resultaba siempre medio confuso, ademas del hecho de que ya de por si soy desorientada y decidi que en dos dias en Berlin no iba a tratar de saber donde estaba cada vez... Pense que lo mejor era dejarme llevar, flotar y mirar no mas...

Bueno, y miles de cosas mas. Para volver.

Me voy a desayunar. Les sigo debiendo los acentos y algunas fotos...

viernes, 27 de julio de 2007

a Berlin

Hoy parto a Berlin con Sara hasta el domingo!
Me encanta la idea de conocer otra ciudad alemana... sobre todo si es Berlin... porque con esto de que solo conozco Düsseldorf, creo que Alemania es toda asi: prolija, impecable, rica... straight, como la define Sara.
Tenemos cientos de recomendaciones de cosas para hacer y varias personas para ver... pero solo un fin de semana para hacer todo... Veremos cuales de todas las posibilidades concretamos...
Viajamos en tren y nos alojamos en un super hotel mil estrellas que pago yo con unos vouchers de Bancotel que les sobraron a mis padres de su viaje del anio pasado y me los regalaron (gracias Chiche y Elsa!). Esta buenisimo haber superado la etapa de mi vida en la que me parecia inconfesable no querer alojarme en una casa tomada!
Les debo los acentos para la proxima...

jueves, 26 de julio de 2007

Mi viaje





Finalmente pude conectar mi laptop... No a la red de Sara como hubiera querido, sino a la de un bar, donde me estoy tomando un café, feliz de estar concretando mi idea de contarles mi viaje en el blog, así, porque sí, para que sepan en qué ando...
Es mi... tercer día en Düsseldorf. Primero, sepan de mi derrotero Buenos Aires - Düsseldorf, que no fue fácil... Qué lejos vivimos (de Alemania, digo)
Rosalía y Elisa me despidieron el domingo en Ezeiza y Sara me fue a esperar al aeropuerto de Colonia. Divinas. Qué más agasajo puedo pedir?! En el medio, el precio: atraso de una hora y media en la salida del vuelo, apretuje total en clase turista, piernas entumecidas, niño/demonio en el asiento de atrás, comisario de abordo color bronce bien antipático (siempre creo que el color bronce viene acompañado de una sonrisa, medio forzada, pero sonrisa al fin, pero no, éste no era el caso), fideos tirabuzón recalentados fríos a las 6 de la tarde hora argentina, desayuno a las 9 y media de la noche… Llegué a Barajas a las… 3 de la mañana de Argentina. Mi cuerpito no entendía nada. Para él eran las 3 de la mañana pero los relojes decían las 8. Y 10 horas por delante antes de tomarme el vuelo a Colonia, así que decidí irme a pasear por Madrid para "aprovechar el día". Tomé el metro, me bajé en la Puerta del Sol, caminé como un zombie, llegué a la Plaza Mayor, me comí un sanguchote de jamón serrano, de golpe me dije “qué hago yo acá con el sueño que tengo, no me interesa nada” y me volví al aeropuerto a dormir en un banco que elegí cuidadosamente. Dormí casi tres horas como en la mejor de las camas...
Finalmente tomé el avión de German Wings, que ya fue como haber llegado a Alemania. Todo impecable, flamante, prolijo. Un té en el avión: tres euros con sesenta... Pero me lo merecía... Igual ésta es la última cuenta que saco…
Cuando me encontré con Sara se me pasó todo el cansancio. Y estamos en conversación semipermanente desde entonces.
Sara vive con Jari y Ana en un departamento re lindo, antiguo, con muchas ventanas, frente a un parque enorme que termina en el río, con árboles gigantes de todo tipo... Muchos castaños, que parece que abundan en esta ciudad (los árboles de las fotos que ven arriba -todavía no aprendí a poner las fotos en el lugar que quiero, siempre me quedan arriba de todo- son castaños)...
Ayer fuimos a ese parque con Ana, que fue en su bicicleta de madera... Ana es una nena divina, con rasgos Costa y ojos azules, que entiende español y habla alemán... De a ratos me quiere y me agarra de la mano y de repente no tanto, como ayer, cuando estábamos emprendiendo el regreso del parque y le dijo a Sara en alemán y riéndose: "tu amiga se queda acá"!
Ah! el clima: verano, lo que yo entiendo por verano, no es... Hace como un calorcito, pero no muy afirmado, medio fragilón... Digamos que tengo la sensación de que en cualquier momento empiezo a sentir frío. Hay un vientito medio permanente. La combinación sol-viento-clima seco normalmente me revira, pero no ha sido el caso... Será porque acá soplan otros vientos...
Bueno, amigos, contenta. Igual compruebo una vez más que cuando viajo me traigo a mí misma así que el bienestar, como en todas las latitudes, viene de a ratos. Ya podría dejar de tener la fantasía de que en los viajes voy a ser otra. Pero no, soy yo, aunque en un paisaje distinto, con otra gente, otro idioma, otras costumbres, lo que siempre me resulta refrescante.
Hasta la próxima! Espero poder postear seguido, si resuelvo mejor las cuestiones técnicas...

martes, 10 de julio de 2007

9 de julio de 2007


La nieve que cayó ayer sobre Buenos Aires me hizo feliz... Nunca pensé que un fenómeno meteorológico podía tener semejante efecto sobre mi estado de ánimo... Pero así fue. La ciudad parecía irreal, era como estar de viaje sin haber viajado... Todos maravillados... Llamándonos por teléfono... Viviendo un día de excepción... Como si cayeran flores del cielo... Me hizo pensar que todo es posible, que todo puede pasar, incluso que nieve sobre Buenos Aires!
La foto no es de la nieve, no saqué ninguna que haya salido bien... Igual tiene una rareza que me hace pensar en el día de ayer...