domingo, 26 de agosto de 2007

Ficción


Vengo de ver una película de Cesc Gay, "Ficción". Muy linda. Llena de detalles. Sobre decisiones, elecciones y renuncias, podría decir...

Está hablada en catalán y castellano. Es raro escuchar hablar en catalán... Te da la sensación de que vas a entender o incluso de que estás entendiendo pero no, de repente te das cuenta de que es otro idioma.

Me cautivó desde el primer minuto, porque empieza con una canción de mi disco favorito de Nick Cave, "The Boatman's Call".

Muy recomendable para los de treintaypico/cuarenta casados, solteros, solos o acompañados, los que nos enfrentamos a lo que somos y no a lo que queríamos ser, como dice en un momento uno de los personajes.

Me pregunto...


¿Va a ir siendo cada vez más difícil encontrar comida que no esté condimentada con cilantro?

Bailando por un hielo

Le estaba contando a Rosalía lo que había visto en el programa "Patinando por un sueño" y me equivoqué y lo llamé "Bailando por un hielo"... Quedó graciosa la mezcla...
Pero lo que le quería contar era que parece que el peor insulto que se propinan las... patinadoras -serían en este caso- es "mucama" o "mucamita"... La morocha ofendidísima porque parece que la rubia la denostó refiriéndose a ella con semejante mote...
Qué lindo, ¿no?
Propondría agarrarlos a todos a los hielazos si no fuera porque no quiero incitar a la violencia...!

viernes, 17 de agosto de 2007

Regreso



Estoy de vuelta. No tenía ganas de partir pero también tenía ganas de volver. Quiero estar allá y acá. Pero estoy acá. En casa nuevamente, empezando a darle vida a mi departamento, que estaba todo quietito. El agua tardó en salir, las canillas hicieron unos ruidos raros, los calefactores tardaron en encenderse, pero creo que ya se desperezaron lo suficiente y todo va entrando en calor...

Me debato entre ponerme en movimiento, ser eficiente, contestar llamados, enterarme de inmediato de todo lo que pasó en mi ausencia y retomar mis actividades, o conservar un poco la actitud más relajada y contemplativa del viajero y dejar que todas las vidas posibles que uno ve cuando viaja... no sé, revoloteen un rato más. Es drástico cruzar el océano en avión. El viaje es largo pero a su vez es demasiado rápido, así que soy yo la que se tiene que dar el tiempo de llegar... Me lo piden también las patas de elefante que tengo en este momento. Me hizo bien la ducha con un jabón ayurvédico que me compré en un supermercado del barrio de Jose, que es, justamente, el barrio indio... Lleno de vida. No me compré mucho más que eso: jaboncitos, algunos tés, sal (sí, sal, o mejor dicho, fleur du sel, que no sé bien qué es pero le da un sabor increíble a las comidas... sirve no para cocinar sino para condimentar alimentos ya preparados, y les da como lucecitas de sabor! Mi mamá me venía diciendo lo rica que era y yo creía que exageraba...). Ninguna prenda de vestir. Tanto que me gustan... Pero no sufrí mucho por eso, salvo una tarde, cuando entré a AgnesB y me probé un saquito de piel sintética gris perla que me quedaba divino...

Leí que algo a lo que uno podría aspirar al viajar, más allá de ver paisajes nuevos, de conocer ciudades, de descansar, de enterarse de cuánto mide la Tour Eiffel, es a traerse una serie de pensamientos que lo ayuden a vivir mejor...

martes, 14 de agosto de 2007

Atlántico Norte

Fin de semana en el mar, en un pueblito costero sin ninguna pretensión de nada, con mucho turismo local, que se llama Saint Michel Chef Chef y queda entre la Bretaña y la Vendée. Nos quedamos en la casa del hermano del novio de una amiga. Franceses todos ellos. Barbara (pronúnciese con acento en la última a) y Alex fueron nuestros super anfitriones. Organizaron todo tipo de expediciones y banquetes. Mucha degustación de especialidades bretonas..


Playas bien anchas con mucha vegetación atrás porque está prohibido construir al borde del mar, lo que le da a todo un aspecto medio agreste. Y también algunas partes con mucha roca. Hicimos una larga caminata yendo de una playa a otra por las rocas mientras la marea estuvo baja. El regreso, por un camino costanero. Cómo me gustan las caminatas sobre las rocas... Te exigen mucha atención, casi que no se puede ir pensando en otra cosa más que en qué lugar vas a apoyar el pie al dar el próximo paso... Y al terminar: ah, cierto que soy yo que estoy acá...


El agua tirando a fresca. Igual nos bañamos...

De a ratos me sentía como en una película de Rohmer. No me acuerdo cuál. Una de la serie de las estaciones del año. No sé si era el viento medio permanente que soplaba o el aspecto tan francés de Barbara, que podía ser la protagonista de cualquiera de esas películas...



viernes, 10 de agosto de 2007

Musée du Quai Branly

Fui hace unos días al Musée du Quai Branly (el "museo de Chirac"... porque parece que cada presidente al finalizar su mandato deja una obra como legado... Pompidou hizo construir el Centro Pompidou, Mitterand la pirámide de vidrio del Louvre, la Biblioteca Nacional... y así... Igual que en casa ¿no?)
Cuestión que el edificio es rarísimo. Super moderno, grandote, tirando a cuadrado, como con unos cubos que son los distintos sectores, pintado de varios colores medio terrosos y es como si hubiera sido tomado por la vegetación... Está rodeado de un jardín muy exhuberante y uno de los muros, que da a la calle, es un muro vegetal! Con todo tipo de plantas tropicales, parecen... Y un sistema de riego que no se puede creer...


Y como para que no te olvides de que estás en París, atrás se asoma la Tour...



jueves, 9 de agosto de 2007

Louvre

Hoy fui al Louvre, y aunque sabía que iba a elegir una mínima parte para visitar, cuando entré y me paré debajo de la pirámide no dejé de sentirme abrumada... Qué ver? Pintura, escultura, dibujos, objetos? De Grecia, de Roma, de Egipto, de España, de Italia, de Francia, de América, de Oceanía, de Asia, de Africa? A qué pabellón entrar? Todo no se puede.
Decidí ver una exposición temporaria, chiquita, acotada, de dibujos del pintor francés Camille Corot...
Y de la exposición permanente decidí que iba a ver pintura italiana, española y francesa. Dejando de lado la multitud que había en las salas de pintura italiana, sobre todo alrededor de la Mona Lisa, a la que ya no saben cómo proteger del gran público...


...creo que encontré una buena manera de recorrer y disfrutar el museo. La técnica consiste en caminar lentamente pero a paso constante por el medio de las salas, algunas de las cuales son como pasillos enormes, con una mirada medio flotante, como mirando por el rabillo del ojo, y dejarme atraer por algunas pinturas, por el color, por alguna forma, algún rostro, algún gesto, el techo de la sala, o lo que se viera por la ventana... y ahí sí, detenerme un rato... Funcionó muy bien. Tanto que si tengo tiempo vuelvo la semana que viene...



miércoles, 8 de agosto de 2007

Vacaciones en la ciudad


Sara y yo paradas en un punto de Berlín al que habíamos llegado habiendo en realidad querido llegar a otro. Desplegamos el mapa bajo la llovizna que nos acompañó casi todo el fin de semana para ver cómo ir desde el Jewish Museum, nuestro destino por error, al memorial del holocausto... Miramos el mapa, levantamos la vista, buscamos el nombre de la calle, volvimos al mapa, buscamos el nombre de la intersección, dimos vuelta el mapa, vimos que tan cerca no estábamos...


Y sí, bueno, aceptémoslo: las vacaciones en las ciudades son así. Dan trabajo. Que el mapa de la ciudad, que el mapa del metro, que la botellita de agua, que me pierdo, que me paso y tengo que volver atrás, que leo el mapa al revés y salgo hacia la izquierda en lugar de la derecha, que llegar a los lugares me lleva el doble de lo que calculo, que a la multitud se le ocurre hacer lo mismo que hago yo. Y todo con la exigencia de que en realidad tendría que estar moviéndome en una ciudad que no conozco, o conozco poco, con la soltura con la que me movería en mi ciudad. Y mantener vivo el interés en, por ejemplo, el arte antropológico, hasta llegar al museo de Quai Branly (Musée des Arts Permiers) y lograr entrar en lugar de quedarme a comer una brioche en el banco de la plaza de enfrente!


La clave, observé estos días, es hacer planes más o menos flexibles... Tomar una dirección que uno después se permita modificar si el clima, el humor, la curiosidad, la panza o el antojo lo piden...



lunes, 6 de agosto de 2007

Domingo

Ayer domingo, día de sol y calor en serio, decidí que iba a ir al Musée d'Orsay a ver una exposición que se llama "De Cezanne a Picasso". Muy bien. Partí en metro con el plan de hacer una conexión bastante complicada que quedó frustrada porque la segunda línea que tenía que tomar estaba cortada... Camino, me dije, después de todo, estoy en París, el día está lindo, tengo una botellita de agua. Y eso hice. Hice casi todo el trayecto por el borde del Sena. Atrás, Notre Dame, adelante, la Place de la Concorde y más allá el Arco de Triunfo, a la derecha el Louvre y a la izquierda el Musée d'Orsay... Cuando llegué me encontré con una multitud haciendo cola al rayo de un sol despiadado para entrar al museo... Yo, soprendida como si hubiera andado por el rincón más ignoto de la ciudad... Desistí y seguí caminando...


A la noche fuimos a la Villette al cine al aire libre... Y volvimos a casa en Velib, que nos viene saliendo con más fluidez...



sábado, 4 de agosto de 2007

Mi cuarto


En lo de Jose duermo en lo que he dado en llamar "la sala de máquinas", que vendría a ser su estudio... Impresionante la maquinaria ¿no?

Cómo se come en París!

Esta ciudad invita a comer... La comida te llama desde todas partes! Ayer, unas de las paradas en el paseo con Jose fue para comprar queso... Es una obviedad, pero tengo que decirlo: no puedo creer las miles de millones de variedades de queso que tiene esta gente... No sólo camembert, brie, cabra, reblochon, etc. sino todos esos, muchos más y además después está la región, el tipo de cabra, el tipo de vaca, el color de pelo, qué se yo... mil cosas... Ellos ven sutiles diferencias donde yo sólo veo queso! Empecé diciendo compremos un queso de cabra, tras lo cual se abrieron las miles de posibilidades... Elegí al azar. Tuve suerte, era rico.
Y después me dediqué bastante a los sandwiches de falafel, unas croquetas de garbanzo de origen... árabe, creo. Por ahora, el más rico es uno que comí en Le Marais...
A la tarde, tomamos con Jose un helado en Berthillon, en l'Ile St. Louis, rodeadas de turistas...
Y todavía me falta un buen cous cous y crêpes de todo tipo y lo que se me vaya presentando en el camino... Oferta no falta...

viernes, 3 de agosto de 2007

París en bicicleta

Me bajé del tren en la Gare du Nord a las 10 de la noche y Josefina me dijo que podíamos ir a comer a lo de una amiga… Yo, todavía agitada de la corrida en Colonia, acepté del todo la propuesta cuando me dijo que podíamos ir en Vlib, que, me explicó, son bicicletas -con una forma muy particular- que se toman en la calle, se usan y se vuelven a dejar. El término viene de "velo libre" (bicicleta libre). En muchos lugares de la ciudad hay paradas con muchas bicicletas estacionadas, que uno puede tomar después de sacar un ticket. La primera media hora es gratis, después se empieza a pagar. Cuando terminás de usar la bici, la dejás en alguna parada. Me encantó la idea, así que partimos, con Julien. Como siempre, la realidad presenta más complejidades de las que uno imagina, o por lo menos muchos detalles... Estuvimos más o menos media hora tratando de sacar los tickets, viendo cómo se pagaba (hay que insertar la tarjeta de débito, porque de ahí te van debitando cuando usás una bici más de media hora seguida), tratando de desenganchar las bicis de sus “palenques”… Era la primera vez que ellos las usaban, también, porque en París recién instauran el sistema. Finalmente, logramos tener una cada uno y salimos rumbo a la casa de la amiga de Jose cerca de la medianoche... Cuando nos acercábamos empezamos a ver en qué parada dejábamos las bicis... Encontramos una pero no tenía lugar para las tres... Qué hacer con las otras. Bueno, quedárnoslas y pagar el tiempo extra… Complicado el primer intento pero pudimos pedalear... Y hoy ya fue más fácil!


Salimos a caminar y a hacer unas compras... Al regresar, en lugar de tomar el metro, cachamos unas bicis...

Düsseldorf - París


Ayer tuve mi primer momento de estrés de mis vacaciones. Tenía que tomar un tren de Düsseldorf a Colonia, ahí esperar media hora y tomar el tren rápido a París. Dando por descontada la célebre puntualidad alemana, ya estaba pensando qué iba a hacer en esa media hora, si iba a leer un rato, si iba a tomar un té o un café, si iba a comer algo dulce o algo salado, si iba a esperar todo el tiempo en el andén, si iba a intentar ver la catedral de Colonia… Bueno, esos dilemas que se le presentan a uno en estas circunstancias vacacionales… Pero resulta que en Alemania los trenes también se atrasan… y perdí el tren a París… por tres minutos! Existía la posibilidad de que el tren que tenía que tomar esperara la llegada del que me traía, porque aparentemente es una conexión habitual, así que corrí, corrí, corrí escaleras abajo y escaleras arriba con mi valijota, que no es gigante pero pesa toneladas, mi bolso de mano y el de mi laptop, abrigada con una campera que en Buenos Aires uso en invierno... porque... bueno... salió el sol pero duró sólo un día… Cuando comprobé que el tren había partido, es decir, que había transpirado en vano, tuve que salir a campear la estación de Colonia –donde no hay ningún cartel que no esté escrito en alemán, idioma que no domino en absoluto, lo que por otro lado es normal... o en Retiro hay carteles en inglés?- a ver si lograba subirme a otro tren rápido… Finalmente logré tomarme uno que salía una hora más tarde… El último del día.
Lo bueno de las vacaciones en otros países es que uno tiene que resolver problemas tan distintos de los habituales…

Además, qué lindo que es viajar en tren... Es una buena transición entre un lugar y otro porque te permite ir dándote cuenta de que te estás trasladando, y llegar a destino junto con el tren…