lunes, 29 de octubre de 2007

Hermanos


Resulta que la mayoría de mis amigas no sólo son madres sino que ya van por el segundo, y en algunos casos el tercer, hijo... Así que ahora se les presenta un nuevo tema, que es la reacción de los hijos que ya tienen ante el nacimiento de los hermanitos… Claro que los chicos sienten celos, y los celos, como sabrán, nos hacen sufrir, y por eso los padres a veces sienten culpa, pero yo no puedo dejar de pensar que tener hermanos es lo mejor que les puede pasar.

Nuestros hermanos son los primeros "otros" con los que nos relacionamos íntimamente y de una manera más o menos simétrica, si comparamos con la relación con los padres... Son las primeras personas con las que jugamos, nos peleamos, negociamos, compartimos. Los hermanos son los primeros que nos ponen límites pero no con una intención orientadora, como lo hacen los padres cuando somos niños, sino porque son personas distintas de nosotros que tienen sus propios gustos, deseos, intereses y necesidades que a veces entran en conflicto con los nuestros, por eso, porque son “otros”. Y un otro no siempre es dócil ni hace exactamente lo que nosotros queremos. Son además testigos y partícipes de nuestra infancia, saben de nuestra relación con los padres, de nuestros miedos, de nuestras inseguridades, de nuestros gustos. Ellos saben si nos hacíamos pis en la cama, si comíamos bien, si dormíamos bien, si nos gustaba ir al colegio, si teníamos miedo de noche, si éramos pegotes o independientes; saben a qué nos gustaba jugar, qué cosas nos salían bien, cómo fue nuestra adolescencia... Conocen nada menos que al niño que fuimos y nosotros al que fueron ellos. Saben bien bien de dónde venimos. Y de nuestras transformaciones a lo largo de la vida. Gran intimidad. Y lo más lindo de todo es que en la relación con los hermanos siempre hay algo seguro, algo sólido, hay una base de certeza, la certeza de querer y ser querido, siempre, más allá de las circunstancias. Por lo menos, así lo siento yo!

lunes, 15 de octubre de 2007

Esos árboles...

Y floreció el gran lapacho…y todos los demás que hay por la ciudad…
¿Por qué será que los árboles en la ciudad me impresionan más que cuando los veo en el campo, o en la montaña o en cualquier paisaje natural? ¿Será por el contraste con lo que los rodea?
Los veo ahí, en el medio del asfalto, perdiendo sus hojas, rebrotando, floreciendo, dando frutos, siguiendo sus ciclos naturales como desentendidos del entorno, del ruido, del tránsito y de la contaminación... aportando su belleza. Son como un ejemplo de constancia…
Y en la foto de abajo verán cómo están los gingkos que les mostré en julio, cuando estaban todos amarillos...

En la ciudad

Ví otra película de Cesc Gay muy recomendable. Se llama En la Ciudad. Es otra película del grupo de amigos en la crisis de los treinta/cuarenta, haciéndole frente a las cosas que les pasan. Ya hemos visto muchas de esas películas, pero ésta tiene algo muy personal y los personajes resultan muy cercanos... Se me ocurre que es un poco porque no son americanos, son europeos pero no… franceses ni finlandeses… Son españoles, de Barcelona, y eso los acerca mucho a nosotros… No sé, tal vez estoy diciendo cualquier cosa. Pero la película es muy linda.

Estos días

Qué abandonado tuve a mi blog! Mis ávidos lectores me reclaman nuevos posts, sobre todo la lectora número uno que es mi tía Ani!
Resulta que estuve atareada ocupándome de los arreglos que tengo que hacer en mi futuro nuevo hogar... Finalmente todo se va concretando. Hay avances, lentos, pero avances al fin... Algunas cosas van siendo etapas superadas. Lo peor de todo, más que tratar con calefaccionista, plomero o albañil, con Putzolú, con Baez, con Sandez, con Subiri -que son los nuevos personajes con los que me relaciono en estos días- o que tener que hacer malabarismos para programar encuentros para que me hagan presupuestos, y al mismo tiempo seguir trabajando como siempre, o que negociar una prórroga del alquiler de mi antiguo departamento en el que sigo viviendo… Lo peor, decía, es lidiar con la administración y el consorcio, que son la máquina de impedir y dilatar, aglutinamiento de mezquindades que dicen velar por el inmueble. Bueno, no importa. Ya tuve mis ataques de nervios, grité en el teléfono, llamé a mis padres llorando impunemente pidiendo ayyyyuda (que me fue dada con generosidad) y ahora todo parece marchar… Mi amiga Beth me dio un consejo que me sirvió mucho. Me dijo algo así como: “tenés que administrar todo este asunto, sacále toda la emotividad, administrálo como si lo estuvieras haciendo para otro, hacé los llamados que tengas que hacer, hablá con quien tengas que hablar, y después seguís con tus demás actividades”. Le hice caso y me resultó liberador. Además me digo que si no me mudo este mes me podré mudar el otro… En el gran esquema de las cosas, eso no es tan importante...