jueves, 26 de julio de 2007

Mi viaje





Finalmente pude conectar mi laptop... No a la red de Sara como hubiera querido, sino a la de un bar, donde me estoy tomando un café, feliz de estar concretando mi idea de contarles mi viaje en el blog, así, porque sí, para que sepan en qué ando...
Es mi... tercer día en Düsseldorf. Primero, sepan de mi derrotero Buenos Aires - Düsseldorf, que no fue fácil... Qué lejos vivimos (de Alemania, digo)
Rosalía y Elisa me despidieron el domingo en Ezeiza y Sara me fue a esperar al aeropuerto de Colonia. Divinas. Qué más agasajo puedo pedir?! En el medio, el precio: atraso de una hora y media en la salida del vuelo, apretuje total en clase turista, piernas entumecidas, niño/demonio en el asiento de atrás, comisario de abordo color bronce bien antipático (siempre creo que el color bronce viene acompañado de una sonrisa, medio forzada, pero sonrisa al fin, pero no, éste no era el caso), fideos tirabuzón recalentados fríos a las 6 de la tarde hora argentina, desayuno a las 9 y media de la noche… Llegué a Barajas a las… 3 de la mañana de Argentina. Mi cuerpito no entendía nada. Para él eran las 3 de la mañana pero los relojes decían las 8. Y 10 horas por delante antes de tomarme el vuelo a Colonia, así que decidí irme a pasear por Madrid para "aprovechar el día". Tomé el metro, me bajé en la Puerta del Sol, caminé como un zombie, llegué a la Plaza Mayor, me comí un sanguchote de jamón serrano, de golpe me dije “qué hago yo acá con el sueño que tengo, no me interesa nada” y me volví al aeropuerto a dormir en un banco que elegí cuidadosamente. Dormí casi tres horas como en la mejor de las camas...
Finalmente tomé el avión de German Wings, que ya fue como haber llegado a Alemania. Todo impecable, flamante, prolijo. Un té en el avión: tres euros con sesenta... Pero me lo merecía... Igual ésta es la última cuenta que saco…
Cuando me encontré con Sara se me pasó todo el cansancio. Y estamos en conversación semipermanente desde entonces.
Sara vive con Jari y Ana en un departamento re lindo, antiguo, con muchas ventanas, frente a un parque enorme que termina en el río, con árboles gigantes de todo tipo... Muchos castaños, que parece que abundan en esta ciudad (los árboles de las fotos que ven arriba -todavía no aprendí a poner las fotos en el lugar que quiero, siempre me quedan arriba de todo- son castaños)...
Ayer fuimos a ese parque con Ana, que fue en su bicicleta de madera... Ana es una nena divina, con rasgos Costa y ojos azules, que entiende español y habla alemán... De a ratos me quiere y me agarra de la mano y de repente no tanto, como ayer, cuando estábamos emprendiendo el regreso del parque y le dijo a Sara en alemán y riéndose: "tu amiga se queda acá"!
Ah! el clima: verano, lo que yo entiendo por verano, no es... Hace como un calorcito, pero no muy afirmado, medio fragilón... Digamos que tengo la sensación de que en cualquier momento empiezo a sentir frío. Hay un vientito medio permanente. La combinación sol-viento-clima seco normalmente me revira, pero no ha sido el caso... Será porque acá soplan otros vientos...
Bueno, amigos, contenta. Igual compruebo una vez más que cuando viajo me traigo a mí misma así que el bienestar, como en todas las latitudes, viene de a ratos. Ya podría dejar de tener la fantasía de que en los viajes voy a ser otra. Pero no, soy yo, aunque en un paisaje distinto, con otra gente, otro idioma, otras costumbres, lo que siempre me resulta refrescante.
Hasta la próxima! Espero poder postear seguido, si resuelvo mejor las cuestiones técnicas...

2 comentarios:

Florencia dijo...

Hay quienes han querido y no han podido hacer comentarios... A ver, pruebo yo...

Florencia dijo...

Pude...