El cine a veces es salvador. El programa de ir al cine, digo. Uno paga una entrada, se retira de sus paisajes habituales, se sienta en una sala oscura y por lo que dure la película deja de tener los pensamientos de siempre, se olvida de sí y se deja contar una historia. Claro que no es su única función, pero para mí es el antídoto perfecto para esos días en los que no sé qué hacer y me pongo a leer y siento que tendría que escribir, me pongo a escribir y siento que tendría que regar, me pongo a regar y siento que tendría que trabajar, me pongo a trabajar y siento que tendría que ir al supermercado, barrer el piso o definir el futuro de mi vida entera... esos días en los que uno está tan enredado que no vale la pena tratar de darles muchas vueltas a las cosas.
domingo, 18 de mayo de 2008
Meterse en el cine
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